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01/08/2006
Glorias Deportivas: María Caridad Colón, la primera
Tal vez una de las historias más bellas del paso de Cuba por los Juegos Olímpicos se escribió una tarde veraniega del mes de julio en Moscú, en 1980. Una muchachita, mulata ella, de picaresca sonrisa y bellos ojos, asombró al mundo. Desde Baracoa, el municipio más Oriental de Cuba, a más de 900 kilómetros de la capital, le llegó a América Latina la primera medalla de oro de una mujer en Juegos Olímpicos.
Avezadas rivales como la alemana Petra Felke, indiscutible número uno de la jabalina por aquellos tiempos no podía imaginar lo que pasaría en el área de lanzamientos.
Y es que el título olímpico de María Caridad fue una hazaña, y al propio tiempo el reflejo del espíritu indomable de la mujer cubana.
Ella misma había declarado que se sentía muy bien, que había que contar con ella, a pesar de las estrellas europeas. Pero… una lesión en la columna vertebral le jugó una mala pasada. Cualquier médico hubiera recomendado, acertadamente, que no compitiera, era bastante comprometida el trauma sufrido en uno de los lanzamientos de calentamiento.
Pero quién podía decirle semejante cosa a esta mujer todo coraje. Rodrigo Álvarez Cambra, médico de la delegación cubana y eminente ortopédico le aplicó el tratamiento, doloroso y en frío, en el propio estadio. Conociendo a su paciente le dijo:
"Tienes que darlo todo en el primer lanzamiento, pues tal vez no puedas hacer ni uno más". La muchacha entendió, y tras la carrera de impulso y el esfuerzo final en su potente brazo derecho el dardo voló raudo y no paro hasta caer clavado en un nuevo récord olímpico, 68,40, inalcanzable para el resto de la competidoras.
02/08/2006
Glorias Deportivas: Orlando Martínez, primer oro Revolucionario

Llegó en una histórica tarde del 10 de septiembre de 1972 sobre el ring del "Olimpic Hall", de la ciudad capital de Baviera. El gallo Orlando Martínez , con su claro 5-0 frente al fajador mexicano Alfonso Zamora, se convirtió en el primer campeón olímpico del boxeo y del deporte revolucionario cubano.
Orlandito, pese a sus casi 180 peleas para entonces, tuvo que emplearse a fondo para derrotar al mexicano, precedido por un impresionante aval de 45 peleas celebradas sin la sombra de un revés. Incluso, 42 de esos éxitos, no llegaron al límite de tiempo.
Zamora llegó a la final tras vencer en cuatro ocasiones por la vía rápida
Sin embargo ese día 10 de septiembre, Orlandito manejó a su adversario a distancia, sin presentarle jamás un blanco fijo. Zamora, no tuvo potencia para seguirlo, para acorralarlo, ni la resistencia para soportar los contraataques de Martínez, cuyos golpes, en mayor cantidad que fortaleza, le rociaron el rostro. En el segundo round, el azteca cayó a la lona por vez primera en su carrera, sorprendido por un cruzado de derecha. No obstante eso, y en un gesto que mostró el respeto que sentía por su adversario, Martínez optó por no buscar el nocaut. Era demasiado riesgoso.
Momnetos después de ceñirse la corona, Orlandito conoció la opinión de su rival por el cetro.
"Ese negrito horroroso parecía chango, y como tal se movía sobre el ring, con sus largos brazos y sus largas piernas. ¡No le pude pegar! Siempre me mantuvo a distancia. Me ganó bien, indiscutiblemente; su experiencia fue demasiado para mí. Me controló a su gusto. Ni una sola vez pude clavarle un buen izquierdazo

